martes, 27 de mayo de 2008

Y que hagan conmigo pociones para enamorar y matar


Voy adentrándome en el bosque, sin flechas, ni espada ni escudo, desnuda no por gusto, golpeada, con hematomas en el cuerpo. Camino lentamente, con la desidia que los años de espera me han dejado… con la amargura propia de los desesperanzados porque sé que en este bosque tampoco habrá una buena sorpresa, sólo más y más frío. Riachuelos de agua envenenada, plantas carnívoras, animales más sigilosos que mi precario método de camuflaje para la supervivencia. No logro pasar desapercibida… pronto ya se ha corrido la voz entre todos los seres del bosque y están prontos a emboscarme. ¿Qué podría hacer? Esta no es mi casa, no son mis dominios, no conozco el terreno, no sé ubicarme en el mundo mirando las estrellas, no sé ni siquiera quedarme dormida sin un poco de añuñú… así que me entrego sin patalear, rendida ante la naturaleza propia de los hechos. Que me coman, que usen mis huesos para sus rituales sagrados, que me separen en mil pedacitos para estudiarme por dentro, que usen mi sangre para agradar a sus demonios, que hagan conmigo pociones para enamorar y matar, me da igual; yo ya me habré marchado a otro lugar más cálido, con versiones más dulces, acordes mayores, ritmos salvajes. Ya habré alcanzado la gracia inmensa y maravillosa del amor, dormida de formas nuevas.

1 comentario:

Senzafine dijo...

Porque Alejandra?